Señor blogspot o te renovás o clausurate viejo
anda tan mal tu procesador de texto
contrata a un ingeniero en ciencias de la computación
y hagan algo
yo ya me fui hace rato igual a:
otralumpen
sábado, 28 de diciembre de 2019
miércoles, 14 de febrero de 2018
Un poema como diario
La pava oxidada que dejé en la ventana
es potencial maceta el helecho ya lo es
en su función de planta que no hace nada
y necesito
creo que nadie pensó en mi
y que me esfuerzo demasiado
por no tener que olvidar.
Entonces miro esas virutas como
espinas en el techo.
Vos habías dicho indirectamente
que ibas a escribirme cuando tal cosa pasara
escribo sobre las cosas que pasan.
Compré liquido limpiavidrios
y llamé al objeto por su nombre: atomizador.
Usé dos lentes superpuestos
Importa que los cristales estén nítidos,
desde adentro y desde afuera
ver preciso.
Mirándome al espejo me pregunté
unos asuntos invisibles tristes.
leí que los cartílagos continúan creciendo
no voy nunca a hacerme una cirugía de nariz
porque me da miedo que raro temer yo
Abrí dos ventanas y lamenté
esas cortinas verdes que no pueden
ser corridas.
Lamento lo potencial,
que se vuelve pantano o tardío,
cuando tiene condición de ser.
Por las veredas del centro
transité un camino a ningún hogar,
pero acá a la vuelta vive el altillo
con su recuerdo,
enmarcado y vidrioso
banquitos y microondas
la alfombra del baño
la membrana derretida de la terraza
la pileta de mármol
el susto que me dio verte parada en una silla,
nombres de las cosas mudas graban
discan ese sitio dónde para siempre
permanece ese reflejo
pero hoy ahora que es un día de estos
que van en suma
que son los más
escuchó decir es una fecha comercial e igual me pica
tengo que mezclarlo todo para que llame la atención
si total parece que nadie me ve y es absurdo porque me siento linda todavía
linda y pobre
domingo, 22 de octubre de 2017
miércoles, 8 de marzo de 2017
martes, 7 de marzo de 2017
Quisiera saber
Me
esta por venir y me salieron
tres
granos,
que
cercan mi boca y
me
dan el marco justo
para
decirme como la adolescente
-que
ya no soy-
Quisiera saber como viven los de veintipico
en
2017,
cuales son sus prioridades,
cuantos
pares de medias tienen,
si
en invierno vale bañarse día por medio,
si
llegan a fin de mes,
si
alguna vez se enamoraron
al
punto de olvidar los meses,
la economía,
la
higiene,
el
stock de medias.
Hace
diez años
tuve
un novio fugaz,
nos
arreglamos una noche de carnaval,
pero
al otro día se le ocurrió que yo era
muy tímida.
Escribí en el diario cosas
horribles
sobre mi,
entrelazándolo al margen
donde yo era un reglón silencioso,
y él un nombre para dolerse.
Quisiera saber si recuerdan la importancia
de
los ritos como tallar
iniciales
dentro de un corazón
en
el árbol de la cuadra,
O
creer en el destino de las almas.
Quisiera saber qué creen importante.
Por
quince días dejé de ir al club
para
no cruzarlo,
pero
mi mente era una fiesta de proyecciones
donde
mañana iba a verlo jugar al fútbol,
mas tarde nos tirábamos a la pileta,
y finalizábamos comiendo sandwichitos
en
el pasto,
hablando de mascotas de la infancia.
Ahora
ando pensando en otras cosas,
entre
profundas y triviales,
como cepillarme bien los dientes,
encontrar respuestas en mi genealogía,
escapar de mi sombra y de futuras arrugas,
en esto último podría traducirse
que un poco no quiero crecer,
pero crecí,
porque
ya no hago macumbas ingenuas
como enrollar un mechón de pelo suyo
en
una pulserita de hilo encerado y
ponerla
debajo de la almohada.
Quisiera
saber si ustedes a
veces
siendo
tan escépticos,
no
se aburren.
Si dudan tanto que sus discursos
tienen condicionalismo
e imparcialidad.
Si tienen miedo de los daños colaterales
que implica sentir.
Si
quisieran doblegarse del reglón,
desvestirse de nombre
desvestirse de nombre
al
margen de un mundo que
se
disfraza de elegante e instruido,
y a la vez si a veces aún continúan
sientiéndose patéticos y vulnerables.
viernes, 10 de febrero de 2017
Lecturas
La
niña lee
el
alfabeto de los árbolesy se vuelve ave clara. Cuánta
paciencia
ha de tener en aulas
donde
le enseñan a no ser.
El
temblor atascado
en
su garganta es mudo.
También es mundo que
acosan
los que saben. Asì aprende
a
montar monstruos de ojos pérfidos
y
cuando vuelve a la que fue
ve
el tiempo lastimado.
Juan Gelman
"Mundar" (Ciudad de México, 2004-2007)
miércoles, 1 de febrero de 2017
No manches
Hoy los mosaicos
lagrimearon al sentir
como el trapo impertinente
les borraba
las huellas
de barro
que dejaron las suelas
de tus estúpidas zapatillas.
jueves, 12 de enero de 2017
martes, 10 de enero de 2017
Entonces
La
humedad en sus salpicadas manchitas,
como
braille en la pared.
La
de los ojos clausurados se apoya
a
desglosar tal historia:
Era
un tiempo de invenciones
para
el espanto.
La
almohada se apelmazaba
del
discurrir en lo tan suyo,
que
ya le aburría.
En
la cama la hora cedía a la siguiente
tras
un largo capricho,
y
de repente,
se
hizo Enero.
y
por las venas
y
por las dudas
llevo
el silencio debajo de las uñas,
para
desmenuzar la polilla
domesticada
al
atajo que sobreviene.
Muralla
de caligrama con sus ya dichos.
traducir
el mapa
con
el sentido de los dedos,
descartar,
Sobre
fondo blanco.
Mutilado.
Es
que solo en aquello que falta,
hay
lugar para el devenir.
martes, 3 de enero de 2017
Isla binaria
Pesa un metal
caricia en mí.
El cómo de
recuerdos que pulen las orillas de lo que acontece,
palidez arenosa
reabsorbe y oxida
se traga a sí
misma por los poros de desidia
escupe unas
cuantas piedras salinas
de memoria
temblorosa.
Pesa un metal
caricia en mí.
El dónde de
grutas que resguardan el reflejo del agua en clara inocencia,
estalactitas despreciadas
por el sustrato del sol
que templa más allá el
piélago de moléculas de ensueño
fosilizando al
tiempo
dilatando el
espacio.
lunes, 28 de noviembre de 2016
Chica del 141
Subiste. Con tu remera desteñida que aún dejaba adivinar la estampa de
Iron Maiden y la mirada disuelta, perdida. A pesar de las malas caras y
asquerosos gestos cómplices de lástima e indignación, ya estabas arriba.
Tanto es lo que hace que
hacés esto de ver caras tantas que ya ni reconocés la tuya propia. Porque
lo peor es ser negada: lo peor es ocupar un espacio y aun así volverse
invisible, emitir un sonido y volverse ruido, un ruido que se mezcla con tantos
otros en el colectivo. Y lo peor de lo peor es necesitar algo, claramente, sin
preámbulos, y que eso se trasfigure en un pedido. No, ella no pide, cómo quien
solicita una pastilla para la acidez. Ella necesita, necesita que le salvemos
la vida porque no puede sola (Y si, ¿acaso alguno de todos los que estábamos
ahí podría solo?)
Igual nosotros te ignoramos. Te volvimos parte del inventario
común del paisaje urbano, ya estabas cuando llegamos, y vas a seguir ahí cuando
nos vayamos (Te otorgamos la propiedad de un objeto, así de cruel pareciera).
Reflexiono en el momento en que te ubicás a mis espaldas, algo
estúpido y preconcebido: “la vida es dura a la medida soportable en cada uno, y
entonces, bueno, ya debe estar acostumbrada” ACOSTUMBRADA, qué horrible y cierto.
Ella debe andar anestesiada, evitando sentir y evitando pensar, para no
morirse, literalmente, de angustia, de incomprensión, de desamparo, en algún
margen insospechado de la historia.
No, vos no sos más fuerte que nadie, vas como un ente sedado
perdida de vos misma, y eras todo lo que tenías. Qué
desperdicio. El espejo que te construimos te
devuelve tanto repudio, que eso de reflejarte como una alteridad no hace más
que desarmarte. Entiendo, que no puedas porque no hay ya deseos ni nociones.
¿Acaso sabrás qué el amor es cierto? (Intento suponer que
respuesta le darías a esta cursi pregunta, pero me resultas tan impredecible
que limitás mi imaginación) ¿Qué me dirías? ¿Qué me contestarías en nombre de
los miles de otros como vos?
A lo tuyo le llaman “situación de calle” tal vez para evitar que
nombremos el horror de saberte desterrada. Alusión, para poder seguir y que no
choquen tan duro en el corazón lo que realmente son: exiliados de la vida. Como
si no fuera la única que hay.
sábado, 26 de noviembre de 2016
martes, 15 de noviembre de 2016
Tenedor libre
Yo
no quiero que me quieras
por
la urgencia de depositar
la
querencia,
de
tus ganas contenidas.
Cuando
ya no tengas hambre
que
tu inapetencia distraída
se
encienda del antojo de mi.
Un
nuevo estomago vacío
que
nutrirse pueda conmigo,
que
devorarme quiera,
(hasta las espinas)
y en un digerir
lento
saciarse
nunca.
(hasta las espinas)
y en un digerir
lento
saciarse
nunca.
lunes, 15 de agosto de 2016
Girondeando
Miocardio
causás
mi
ocaso
apartás
mi
ocurrir
te
dice.
(Que)
Migraña
pausás
mi grifa
encendés
mi gravedad
te debo.(Si)
Miasma
borrás
mi
astilla
curás
mi
aspirina
te
doy.
martes, 2 de agosto de 2016
Mariposa ciega
Mi ropa
siempre tiene un aroma extraño, como olor a humo. No creo que sea desagradable,
supongo que ese olor dice algo sobre mí, y yo no me considero una persona
desagradable.
En casa
amanecemos con la luz del sol, pegándonos en los ojos, a menos que esté
nublado. Mamá tiene pecas en la cara, de cerca son varias. Le recuerdo que es
linda, ella cree que yo también y me lo dice, pero todavía no estoy segura de
serlo o no, porque todos los días me encuentro distinta en el espejo.
Ella sale
primero de la cama. Mi hermano es quien más tarda, pero quien más rápido se
quita los restos de sueño. Lo primero que pienso en el día es en si las ruedas
de la bicicleta estarán o no bien infladas, y en si la gente estará resfriada y
tendrá algo importante que anotar hoy en sus agendas, es que nunca quiero tener
que llegar hasta última avenida.
El viento
de la mañana es un tanto cruel, ni hablar cuando viene en contra. En cambio la
niebla me da paz. Mamá dice que la niebla es peligrosa, y que tengo que andar
despacio en días como esos. Después de dejar a Santiago en el Jardín pedaleo
hasta Avellaneda y Mendoza. Una vez que la sillita de atrás va vacía acelero,
porque la velocidad me hace vibrar el corazón, también me distraigo cantando
alguna canción o mirando vidrieras de juguetes o ropa al pasar, algún día voy a
ponerme ese vestido celeste con rayas anaranjadas. Igual tanto no me despisto;
los autos a veces se creen dueños de las calles.
Soy la nena
de las lapiceras y los pañuelos descartables. En realidad ya no tan nena, tengo
doce. No me gustan las manzanas cubiertas de caramelo y pochoclos, porque me
pegoteo toda la cara, para al final terminar comiendo una manzana común y
corriente y tampoco me gustan los días de lluvia, sobre todo porque la venta se
vuelve difícil, y tengo que recorrer más de una avenida para no volver con las
manos vacías, y aunque sé que mamá no va a enojarse, la noto preocupada cuando
eso sucede.
La gente
es amable, no toda claro. Pero yo pienso que la mayoría sí, porque sino
sentiría miedo y nunca saldría a ningún lado. Dice mamá que si ella puede
distinguir a la buena gente de la mala no debería ser muy complicado para mí,
que además puedo verlas. Ella dice que le pida a Dios y él me va a cuidar. Yo
siento que ese señor invisible es un chanta y bien puedo cuidarme sola. Si
tanto nos ama, entonces… nada, mejor no digo nada.
Nosotros
vivimos en un vagón de tren al borde la ciudad, y lejos se encuentra la gente y
las casas y las luces. Me gusta tener un río tan cerca, y dormirme a veces
escuchando la música que hace toda ese agua cuando la empuja algún viento.
Una vez
terminé antes, porque un colectivo del que se bajaron estudiantes del interior
me compraron todo y cuando volví a casa mamá lloraba, así qué salí despacio
para no hacer ruido y llamar su atención. Esperé sentada fuera del vagón para
hacer tiempo hasta que sea la hora de cruzar la vía nuevamente para
ir a buscar a Santiago al Jardín. Faltaba una hora y media. Un día me
contó que en la sal de las lágrimas se va toda la amargura.
Como era
otoño casi no había pasto, pero si algunas hojas en el piso caídas del árbol,
que tiene gruesas raíces para sentarse. Agarré una rama para buscar lombrices
en la tierra y dejar pasar el tiempo hasta el mediodía.
Mi
hermano no habla demasiado, en cambio si lo hace con unos muñequitos de
soldados con los que juega. Debe ser por eso que tampoco tiene tantos
amigos, aunque le gusta ir a los cumpleaños de sus compañeros a comer
golosinas, saltar en el inflable, agarrar alguna chuchería en la piñata.
Las
chicas de las escuelas cercanas a dónde me detengo a vender, a veces me miran
mal. Tienen puestos lindos uniformes. Hace varios días mientras le desenredaba
la cadena a mi bicicleta, una se me acercó y me dijo que le gustaba mi pelo. No
creía qué mi edad fuera la misma que la de ella y tampoco que no tuviera
feisbuc. Me gustaba que se llamara Lucía, porque en los cuentos de mamá la
chica casi siempre lleva ese nombre.
El lunes
un grupo de chicos, tal vez uno o dos años mayores que yo, me preguntaron qué
vendía. Uno de ellos tenía el pelo enrulado por los hombros y una bufanda azul,
dijo riendo que siempre perdía biromes pero hoy no traía nada de plata para
comprarme. Ayer, antes de ir a la misma parada dónde lo había encontrado, las
saqué todas de la caja y las apretuje con las manos, las besé, las volví a
guardar y en la esquina esa de Oroño y San Juan esperé a qué viniera a comprar
la lapicera, que se quedó en mí, conmigo encerrada.
Por la tarde
no tuve hambre y fue muy raro, como si no existiese nada más que esto nuevo que
me estaba pasando y como si ya necesitara nada más, parecía que en mi estómago
había algo, una mariposa. Me daban ganas de bailar. Pero después creí que tal
vez estaba embarazada y me asusté. Me quedé en un rincón de la cama pensando en
que qué iba a hacer, seguramente tendría que buscar a ese chico para avisarle
que iba a ser padre y así luego irnos a vivir juntos, pero tampoco quería dejar
a mi familia. Tenía que hacer algo, que pedir ayuda y por suerte mamá estaba
ahí.
-Estás
enamorada -dijo, calmada y sonriente.
Estoy
enamorada, suspiré. Ya más aliviada le hice unas preguntas sobre el tema, y
gracias a mi curiosidad me contó que ella misteriosamente también tenía
esa mariposa, y revoloteaba cada vez que nos sentía llegar o nos escuchaba reír a
Santiago y a mí.
Fue de lo
mejor saber su secreto, entonces descubrí que no solo en los cuentos existe
algo mágico, porque tiene una mariposa suya que le hace sentir esto que es como
una cosquilla, o una chispa, bien aún no sé, pero es lo más parecido a volar y
ahora sé que mamá puede volar de a ratos, todos los días.
miércoles, 29 de junio de 2016
Mantra
Esto
no va a ser así siempre,
y se
van cayendo los siempre.
callando.
abajo,
se
entrelazan túneles,
formando un
espiral
distendido
al
vacio de la espera
o de
el cansancio
o de
la costumbre.
Se
me hace tarde
para
nada.
Las
horas se vuelven adiposas
cuando
los relojes se inclinan
hacia
la eternidad.
Ayer todo andaba bien.
Por
eso:
esto
no va a ser así
siempre
repito
como
un mantra.
lunes, 9 de mayo de 2016
Las edades del sol
Primero el árbol,
que se cuenta su historia
entre sus ramas y hojas.
Segundo el nene,
que estornuda y se dice “salud”
en el silencio.
Tercero el libro,
cuyas páginas son giradas
por una sola mano.
Cuarto el viejo,
que le cuenta ayeres
al Aloe vera.
Las sol-edades,
Cuarto el viejo,
que le cuenta ayeres
al Aloe vera.
Las sol-edades,
son una pequeña plaga
cercana y cotidiana.
viernes, 29 de abril de 2016
Rabia
¡Qué rabiosa me vuelven las bocinas!
Me acuesto en el piso de la cocina.
Aclaro el panorama,
me trepo por las cortinas,
aspiro el revoque del techo.
Me tomo cinco minutos,
para ningún té.
Posiblemente soporte todo.
Suspiro.
Pero murciélagos
NO.
jueves, 28 de abril de 2016
Recalculando
En estos
días retomé Rayuela desde el principio, después de comprender una serie de
cuestiones, no sobre la novela en sí misma, sino sobre conceptos que la
engloban. Por lo que debo decir que me retracto acerca de lo dicho acá hace un
tiempo. Naturalmente uno crece, aprende y modifica sus perspectivas.
Rayuela no
precisa un ser ampliamente culto, precisa un ser ampliamente abierto. Un lector
dispuesto a dejarse llevar y olvidarse de los convencionalismos y lo
preestablecido.
Y así,
Rayuela es un gran SI.
La sed verdadera
Agua pálida el rugido del desierto. Los pasos del hombre
salivando sediento. El hombre al borde de un decir en el silencio-arena. Ni por
una vez quiere partir. Uno es siempre.
Y pálidos se vuelven los gestos, y las calles, y el oasis más
que oasis es reflejo de la desesperación del hombre ese que atrapaba sentidos,
y tenía lengua y tenia voz.
Pero iba muriendo, embebido en la opulencia, por la sed
dimesional de sus nudos fervientes.
Qué es esto de no poder, tan siquiera, andar infeliz.
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