sábado, 28 de diciembre de 2019

Media pila

Señor blogspot o te renovás o clausurate viejo
anda tan mal tu procesador de texto
contrata a un ingeniero en ciencias de la computación
y hagan algo
yo ya me fui hace rato igual a:

otralumpen



miércoles, 14 de febrero de 2018

Un poema como diario

La pava oxidada que dejé en la ventana
es potencial maceta el helecho ya lo es 
en su función de planta que no hace nada 
y necesito 

creo que nadie pensó en mi
y que me esfuerzo demasiado
por no tener que olvidar.
Entonces miro esas virutas como
espinas en el techo.
Vos habías dicho indirectamente
que ibas a escribirme cuando tal cosa pasara

escribo sobre las cosas que pasan.

Compré liquido limpiavidrios
y llamé al objeto por su nombre: atomizador.
Usé dos lentes superpuestos  
Importa que los cristales estén nítidos,
desde adentro y desde afuera
ver preciso.

Mirándome al espejo me pregunté
unos asuntos invisibles tristes.
leí que los cartílagos continúan creciendo
no voy nunca a hacerme una cirugía de nariz 
porque me da miedo que raro temer yo

Abrí dos ventanas y lamenté
esas cortinas verdes que no pueden
ser corridas.

Lamento lo potencial,
que se vuelve pantano o tardío,
cuando tiene condición de ser.

Por las veredas del centro
transité un camino a ningún hogar,
pero acá a la vuelta vive el altillo
con su recuerdo,
enmarcado y vidrioso
banquitos y microondas
la alfombra del baño
la membrana derretida de la terraza 
la pileta de mármol 
el susto que me dio verte parada en una silla, 
nombres de las cosas mudas graban 
discan ese sitio dónde para siempre
permanece ese reflejo 

pero hoy ahora que es un día de estos
que van en suma
que son los más 
escuchó decir es una fecha comercial e igual me pica
tengo que mezclarlo todo para que llame la atención
si total parece que nadie me ve y es absurdo porque me siento linda todavía 
linda y pobre

miércoles, 8 de marzo de 2017

martes, 7 de marzo de 2017

Quisiera saber

Me esta por venir y me salieron
tres granos,
que cercan mi boca y
me dan el marco justo
para decirme como la adolescente
-que ya no soy-

Quisiera saber como viven los de veintipico
en 2017,
cuales son sus prioridades,
cuantos pares de medias tienen,
si en invierno vale bañarse día por medio,
si llegan a fin de mes,
si alguna vez se enamoraron
al punto de olvidar los meses,
la economía,
la higiene,
el stock de medias.

Hace diez años
tuve un novio fugaz,
nos arreglamos una noche de carnaval,
pero al otro día se le ocurrió que yo era
muy tímida.

Escribí en el diario cosas
horribles sobre mi,
entrelazándolo al margen
donde yo era un reglón silencioso,
y él un nombre para dolerse.

Quisiera saber si recuerdan la importancia
de los ritos como tallar
iniciales dentro de un corazón
en el árbol de la cuadra,
O creer en el destino de las almas.
Quisiera saber qué creen importante. 

Por quince días dejé de ir al club
para no cruzarlo,
pero mi mente era una fiesta de proyecciones
donde mañana iba a verlo jugar al fútbol,
mas tarde nos tirábamos a la pileta,
y finalizábamos comiendo sandwichitos
en el pasto,
hablando de mascotas de la infancia.

Ahora ando pensando en otras cosas,
entre profundas y triviales,
como cepillarme bien los dientes,
encontrar respuestas en mi genealogía,
escapar de mi sombra y de futuras arrugas,
en esto último podría traducirse
que un poco no quiero crecer,
pero crecí,
porque ya no hago macumbas ingenuas
como enrollar un mechón de pelo suyo
en una pulserita de hilo encerado y
ponerla debajo de la almohada.

Quisiera saber si ustedes a veces
siendo tan escépticos,
no se aburren.
Si dudan tanto que sus discursos
tienen condicionalismo 
e imparcialidad.
Si tienen miedo de los daños colaterales
que implica sentir.
Si quisieran doblegarse del reglón,
desvestirse de nombre
al margen de un mundo que
se disfraza de elegante e instruido,
y a la vez si a veces aún continúan
sientiéndose patéticos y vulnerables.

viernes, 10 de febrero de 2017

Lecturas

La niña lee
el alfabeto de los árboles
y se vuelve ave clara. Cuánta
paciencia ha de tener en aulas
donde le enseñan a no ser.
El temblor atascado
en su garganta es mudo.
También es mundo que
acosan los que saben. Asì aprende
a montar monstruos de ojos pérfidos
y cuando vuelve a la que fue
ve el tiempo lastimado. 
Juan Gelman
"Mundar" (Ciudad de México, 2004-2007)

miércoles, 1 de febrero de 2017

No manches

Hoy los mosaicos
lagrimearon al sentir
como el trapo impertinente
les borraba
las huellas
de barro
que dejaron las suelas
de tus estúpidas zapatillas. 

jueves, 12 de enero de 2017

Murder

Una vez te quise tanto que si vos me lo pedías, iba, y mataba a mi mamá.

martes, 10 de enero de 2017

Entonces

La humedad en sus salpicadas manchitas,
como braille en la pared.
La de los ojos clausurados se apoya
a desglosar tal historia:

Era un tiempo de invenciones
para el espanto.
La almohada se apelmazaba
del discurrir en lo tan suyo,
que ya le aburría.
En la cama la hora cedía a la siguiente
tras un largo capricho,
y de repente,
se hizo Enero.

y por las venas
y por las dudas
llevo el silencio debajo de las uñas,
para desmenuzar la polilla
domesticada
al atajo que sobreviene.

Muralla de caligrama con sus ya dichos.
traducir el mapa
con el sentido de los dedos,
descartar,
Sobre fondo blanco.
Mutilado.
Es que solo en aquello que falta,
hay lugar para el devenir.

martes, 3 de enero de 2017

Isla binaria

Pesa un metal
caricia en mí.
El cómo de recuerdos que pulen las orillas de lo que acontece,
palidez arenosa reabsorbe y oxida
se traga a sí misma por los poros de desidia
escupe unas cuantas piedras salinas
de memoria temblorosa.
Pesa un metal
caricia en mí.
El dónde de grutas que resguardan el reflejo del agua en clara inocencia,
estalactitas despreciadas por el sustrato del sol
que templa más allá el piélago de moléculas de ensueño
fosilizando al tiempo
dilatando el espacio. 

lunes, 28 de noviembre de 2016

Chica del 141

       Subiste. Con tu remera desteñida que aún dejaba adivinar la estampa de Iron Maiden y la mirada disuelta, perdida. A pesar de las malas caras y asquerosos gestos cómplices de lástima e indignación, ya estabas arriba. 
    Tanto es lo que hace que hacés esto de ver caras tantas que ya ni reconocés la tuya propia. Porque lo peor es ser negada: lo peor es ocupar un espacio y aun así volverse invisible, emitir un sonido y volverse ruido, un ruido que se mezcla con tantos otros en el colectivo. Y lo peor de lo peor es necesitar algo, claramente, sin preámbulos, y que eso se trasfigure en un pedido. No, ella no pide, cómo quien solicita una pastilla para la acidez. Ella necesita, necesita que le salvemos la vida porque no puede sola (Y si, ¿acaso alguno de todos los que estábamos ahí podría solo?)
     Igual nosotros te ignoramos. Te volvimos parte del inventario común del paisaje urbano, ya estabas cuando llegamos, y vas a seguir ahí cuando nos vayamos (Te otorgamos la propiedad de un objeto, así de cruel pareciera).

      Reflexiono en el momento en que te ubicás a mis espaldas, algo estúpido y preconcebido: “la vida es dura a la medida soportable en cada uno, y entonces, bueno, ya debe estar acostumbrada” ACOSTUMBRADA, qué horrible y cierto. Ella debe andar anestesiada, evitando sentir y evitando pensar, para no morirse, literalmente, de angustia, de incomprensión, de desamparo, en algún margen insospechado de la historia.

      No, vos no sos más fuerte que nadie, vas como un ente sedado perdida de vos misma, y eras todo lo que tenías. Qué desperdicio. El espejo que te construimos te devuelve tanto repudio, que eso de reflejarte como una alteridad no hace más que desarmarte. Entiendo, que no puedas porque no hay ya deseos ni nociones.  

     ¿Acaso sabrás qué el amor es cierto? (Intento suponer que respuesta le darías a esta cursi pregunta, pero me resultas tan impredecible que limitás mi imaginación) ¿Qué me dirías? ¿Qué me contestarías en nombre de los miles de otros como vos?
     A lo tuyo le llaman “situación de calle” tal vez para evitar que nombremos el horror de saberte desterrada. Alusión, para poder seguir y que no choquen tan duro en el corazón lo que realmente son: exiliados de la vida. Como si no fuera la única que hay.

sábado, 26 de noviembre de 2016

martes, 15 de noviembre de 2016

Tenedor libre

Yo no quiero que me quieras
por la urgencia de depositar
la querencia,
de tus ganas contenidas.
Cuando ya no tengas hambre
que tu inapetencia distraída
se encienda del antojo de mi.
Un nuevo estomago vacío
que nutrirse pueda conmigo,
que devorarme quiera,
(hasta las espinas)
y en un digerir 
lento
saciarse 
nunca.

lunes, 15 de agosto de 2016

Girondeando

Miocardio
causás
mi ocaso
apartás
mi ocurrir
te dice.
(Que)
Migraña
pausás
mi grifa
encendés
mi gravedad
te debo.
(Si)
Miasma
borrás
mi astilla
curás
mi aspirina
te doy.


martes, 2 de agosto de 2016

Mariposa ciega

Mi ropa siempre tiene un aroma extraño, como olor a humo. No creo que sea desagradable, supongo que ese olor dice algo sobre mí, y yo no me considero una persona desagradable.
En casa amanecemos con la luz del sol, pegándonos en los ojos, a menos que esté nublado. Mamá tiene pecas en la cara, de cerca son varias. Le recuerdo que es linda, ella cree que yo también y me lo dice, pero todavía no estoy segura de serlo o no, porque todos los días me encuentro distinta en el espejo. 
Ella sale primero de la cama. Mi hermano es quien más tarda, pero quien más rápido se quita los restos de sueño. Lo primero que pienso en el día es en si las ruedas de la bicicleta estarán o no bien infladas, y en si la gente estará resfriada y tendrá algo importante que anotar hoy en sus agendas, es que nunca quiero tener que llegar hasta última avenida.
El viento de la mañana es un tanto cruel, ni hablar cuando viene en contra. En cambio la niebla me da paz. Mamá dice que la niebla es peligrosa, y que tengo que andar despacio en días como esos. Después de dejar a Santiago en el Jardín pedaleo hasta Avellaneda y Mendoza. Una vez que la sillita de atrás va vacía acelero, porque la velocidad me hace vibrar el corazón, también me distraigo cantando alguna canción o mirando vidrieras de juguetes o ropa al pasar, algún día voy a ponerme ese vestido celeste con rayas anaranjadas. Igual tanto no me despisto; los autos a veces se creen dueños de las calles.   
Soy la nena de las lapiceras y los pañuelos descartables. En realidad ya no tan nena, tengo doce. No me gustan las manzanas cubiertas de caramelo y pochoclos, porque me pegoteo toda la cara, para al final terminar comiendo una manzana común y corriente y tampoco me gustan los días de lluvia, sobre todo porque la venta se vuelve difícil, y tengo que recorrer más de una avenida para no volver con las manos vacías, y aunque sé que mamá no va a enojarse, la noto preocupada cuando eso sucede.
La gente es amable, no toda claro. Pero yo pienso que la mayoría sí, porque sino sentiría miedo y nunca saldría a ningún lado. Dice mamá que si ella puede distinguir a la buena gente de la mala no debería ser muy complicado para mí, que además puedo verlas. Ella dice que le pida a Dios y él me va a cuidar. Yo siento que ese señor invisible es un chanta y bien puedo cuidarme sola. Si tanto nos ama, entonces… nada, mejor no digo nada.
Nosotros vivimos en un vagón de tren al borde la ciudad, y lejos se encuentra la gente y las casas y las luces. Me gusta tener un río tan cerca, y dormirme a veces escuchando la música que hace toda ese agua cuando la empuja algún viento.
Una vez terminé antes, porque un colectivo del que se bajaron estudiantes del interior me compraron todo y cuando volví a casa mamá lloraba, así qué salí despacio para no hacer ruido y llamar su atención. Esperé sentada fuera del vagón para hacer tiempo hasta que sea la hora de cruzar la vía nuevamente para ir a buscar a Santiago al Jardín. Faltaba una hora y media. Un día me contó que en la sal de las lágrimas se va toda la amargura.
Como era otoño casi no había pasto, pero si algunas hojas en el piso caídas del árbol, que tiene gruesas raíces para sentarse. Agarré una rama para buscar lombrices en la tierra y dejar pasar el tiempo hasta el mediodía.
Mi hermano no habla demasiado, en cambio si lo hace con unos muñequitos de soldados con los que juega.  Debe ser por eso que tampoco tiene tantos amigos, aunque le gusta ir a los cumpleaños de sus compañeros a comer golosinas, saltar en el inflable, agarrar alguna chuchería en la piñata.
Las chicas de las escuelas cercanas a dónde me detengo a vender, a veces me miran mal. Tienen puestos lindos uniformes. Hace varios días mientras le desenredaba la cadena a mi bicicleta, una se me acercó y me dijo que le gustaba mi pelo. No creía qué mi edad fuera la misma que la de ella y tampoco que no tuviera feisbuc. Me gustaba que se llamara Lucía, porque en los cuentos de mamá la chica casi siempre lleva ese nombre.
El lunes un grupo de chicos, tal vez uno o dos años mayores que yo, me preguntaron qué vendía. Uno de ellos tenía el pelo enrulado por los hombros y una bufanda azul, dijo riendo que siempre perdía biromes pero hoy no traía nada de plata para comprarme. Ayer, antes de ir a la misma parada dónde lo había encontrado, las saqué todas de la caja y las apretuje con las manos, las besé, las volví a guardar y en la esquina esa de Oroño y San Juan esperé a qué viniera a comprar la lapicera, que se quedó en mí, conmigo encerrada.
Por la tarde no tuve hambre y fue muy raro, como si no existiese nada más que esto nuevo que me estaba pasando y como si ya necesitara nada más, parecía que en mi estómago había algo, una mariposa. Me daban ganas de bailar. Pero después creí que tal vez estaba embarazada y me asusté. Me quedé en un rincón de la cama pensando en que qué iba a hacer, seguramente tendría que buscar a ese chico para avisarle que iba a ser padre y así luego irnos a vivir juntos, pero tampoco quería dejar a mi familia. Tenía que hacer algo, que pedir ayuda y por suerte mamá estaba ahí.
-Estás enamorada -dijo, calmada y sonriente.
Estoy enamorada, suspiré. Ya más aliviada le hice unas preguntas sobre el tema, y gracias a mi curiosidad me contó que ella misteriosamente también tenía esa mariposa, y revoloteaba cada vez que nos sentía llegar o nos escuchaba reír a Santiago y a mí. 
Fue de lo mejor saber su secreto, entonces descubrí que no solo en los cuentos existe algo mágico, porque tiene una mariposa suya que le hace sentir esto que es como una cosquilla, o una chispa, bien aún no sé, pero es lo más parecido a volar y ahora sé que mamá puede volar de a ratos, todos los días.

miércoles, 29 de junio de 2016

Mantra

Esto no va a ser así siempre,
y se van cayendo los siempre.
callando.
abajo,
se entrelazan túneles,
formando un espiral
distendido
al vacio de la espera
o de el cansancio
o de la costumbre.
Se me hace tarde
para
nada.
Las horas se vuelven adiposas
cuando los relojes se inclinan
hacia la eternidad.
Ayer todo andaba bien.
Por eso:
esto no va a ser así
siempre
repito
como un mantra. 

lunes, 9 de mayo de 2016

Las edades del sol

Primero el árbol,
que se cuenta su historia
entre sus ramas y hojas.
Segundo el nene,
que estornuda y se dice “salud”
en el silencio.
Tercero el libro,
cuyas páginas son giradas
por una sola mano.
Cuarto el viejo,
que le cuenta ayeres
al Aloe vera.
Las sol-edades,
son una pequeña plaga
cercana y cotidiana.

viernes, 29 de abril de 2016

Rabia

¡Qué rabiosa me vuelven las bocinas!
Me acuesto en el piso de la cocina.
Aclaro el panorama,
me trepo por las cortinas,
aspiro el revoque del techo.
Me tomo cinco minutos,
para ningún té.
Posiblemente soporte todo.
Suspiro.
Pero murciélagos
NO. 

jueves, 28 de abril de 2016

Recalculando

En estos días retomé Rayuela desde el principio, después de comprender una serie de cuestiones, no sobre la novela en sí misma, sino sobre conceptos que la engloban. Por lo que debo decir que me retracto acerca de lo dicho acá hace un tiempo. Naturalmente uno crece, aprende y modifica sus perspectivas.
Rayuela no precisa un ser ampliamente culto, precisa un ser ampliamente abierto. Un lector dispuesto a dejarse llevar y olvidarse de los convencionalismos y lo preestablecido.
Y así, Rayuela es un gran SI.

La sed verdadera

Agua pálida el rugido del desierto. Los pasos del hombre salivando sediento. El hombre al borde de un decir en el silencio-arena. Ni por una vez quiere partir. Uno es siempre.
Y pálidos se vuelven los gestos, y las calles, y el oasis más que oasis es reflejo de la desesperación del hombre ese que atrapaba sentidos, y tenía lengua y tenia voz.
Pero iba muriendo, embebido en la opulencia, por la sed dimesional de sus nudos fervientes.
Qué es esto de no poder, tan siquiera, andar infeliz.