lunes, 1 de febrero de 2016

Onírico

Son libélulas huérfanas en la adversidad. Insectos que ignoran los satélites y juegan revoltosos en la estepa, lejana y altiva, por la frontera natal de los sortilegios.
Despegan un vuelo de alas emparchadas, donde una estela los impulsa a intermitentes eventos de veneno y aplausos, de cadenas y azúcar. Nada les quita lo sutil de ser bellos, lo peligroso de ser libres, lo profundo de la intemperie.
Revolotean huyendo de lentes embotelladas, de espinas del azar. Deshilachando delgadas líneas ilícitas, para colapsar la ceremonia del caos, a fin de desbordar la inocencia por el abismo.
Pero solo es un desliz de bichos taciturnos, que no saben de psicólogos ni fármacos, que no saben de lágrimas ni helado, que no saben de canciones ni plazas.
Y se deleitan en el horizonte sediento de albas, extasiados de incógnitas, a enceguecerse con la espera de una luz que los humanice.
Y retornan por un andén de cicatrices, personitas tristes, que divagan por jardines imposibles y desiertos gratuitos, sin más consuelo que el silencio de sus huesos.
(Se arrepintieron de no haber sabido que preferían no saber) 

miércoles, 27 de enero de 2016

Faz

Resulta que no me parezco a lo que soy.
Ando abstraído de mí.
Derivado a las solapas.
Convencido de mis maneras a fuerza de quién aún busca, como el perro rastreador la droga en el ropero. Con las dudas evacuadas en la (¿falsa?) nitidez, siempre.
Puedo ir pisando intercaladamente  las baldosas por la vereda y silbar cual desquiciado la canción preferida por este que está adentro, total,  yo no soy.
Me invito a desacontecer del viaje y del aire, en el viaje y el aire. Me sustituyo, me parafraseo, me versiono.
Y en el transcurso deambulo buscando las reparticiones que voy dejando por ahí, a fin de reciclarme.
No tengo tiempo de ser quien soy, y sin embargo toda una vida para par(a)odiarme. 
Un gusto.

domingo, 17 de enero de 2016

Palitos de la selva

Suena el despertador. Fulana se levanta y empieza a vestirse. Mengano la observa, un poco doliente porque sabe que pronto ella cruzará la puerta para irse.

Erase una hora insolente en tu sien, sondando un punto irreverente preparado para la fuga. Erase el tic-tac más cruel del mundo, un vil transcurrir hacia la nada.

Fulana cepilla su pelo.

Quedate un ratito más. Prometo guardar mi lirismo en una alcancía.

Fulana está agachada buscando sus aritos de perla por el suelo.

Y después vamos a comprar caramelos, de esos que traen adivinanzas.

Fulana guarda algunas pertenencias en su cartera.

Te gustan esos caramelos con esas adivinanzas que siempre son las mismas, y no te gustan mis maneras de expresarte lo que siento, que siempre son diferentes.

Fulana abre la puerta y se voltea para mirarlo, seria.

¿Qué soy excesivamente dulce? ¿Eso me querés decir? Pero yo… ¡yo no produzco caries!


La moraleja queda a cargo del lector

martes, 5 de enero de 2016

Papeles

Cientos de papeles van y vienen en una calesita de palabras desveladas. Trasladando implícitos al bosquejo de trazos de tinta. El sueño tácito se configura en lenguaje, y surge una atmósfera de alteración, donde las expresiones se posibilitan y concilian, pero del otro lado del umbral.
Papeles, la vida transcurre y  ellos la persiguen, la arman y desarman en un collage de decires afónicos, creando en dimensiones subyacentes, complejos laberintos cuya salida es dar con los puntos suspensivos, es que nunca habrá un final.
Las ideas fluyen silenciosas por sus fibras, conteniendo y resguardando la piel de ayer. 
Adentro soy cientos de papeles inconclusos, que a ratos se abollan en mi estómago, se trituran en mis pulmones o se encienden en mi garganta, pero nunca se quedan quietos. Si, ya sé que son inertes. ¿Son inertes?
Se gestan, y a su hora se materializan, a veces algunos no toleran huéspedes y se vuelven cenizas bajo la arduosa mirada ajena, más los sobrevivientes desatan los nudos y se escapan...
Cientos de papeles van y vienen en una calesita de palabras desveladas.

jueves, 26 de noviembre de 2015

El desalojo

Desenamorarse es como un desalojo progresivo. Los  espacios inmortales, los objetos indestructibles, entran en la rueda temporal y se vuelven frágiles y vulnerables; el precio de volver paulatinamente a la realidad. 
En un comienzo no te das cuenta, hasta el canto de los pájaros o el silbido de la pava lo dicen en idioma universal,  pero estás ensordecida por la costumbre, y  aún si oyeras, mejor negar.
Contemplaste la posibilidad de la ausencia con tanto temor, que el mismísimo miedo te dibujo un paisaje unilateral, que vencido ya, declina sigiloso hacia la transparencia.
El desamor va desgarrando el cielorraso, y aunque el polvito flota en el espacio, todavía de ese aire contaminado se puede respirar.
Te vas vaciando, te van faltando adornos, pero ningún porta sahumerios es elemental, te llevan los asientos, y recurrís al piso, desaparece el colchón e improvisas con varias frazadas, te vacían las alacenas y parece no importar. Las incomodidades a las que nos amoldamos con tal de evitar la soledad.
Hasta que un día te faltan las cortinas, y entra una lucecita atardecida suficiente para delatarte. Lo que soslayabas se te pianta como un muro inevitable.
Por la claridad podés ver esas manchas de humedad que creías inexistentes a causa del olvido, las paredes descascaradas, las telas de arañas, los rayones en el piso.
Tu casa se asemeja a algúna otra que sabías reconocer tiempo atrás. Ya no es la de antes, porque ahora es la que había sido antes de ese antes. Tu hogar hoy te parece una casa con unas puertas de madera vetada, unas ventanas cuadradas, una mesada de mármol aburrida, una cama desierta, una mesita ratona obsoleta, un perchero con carteras que jamás usas y un espejo que ahora detestas.
Anochece y te desorientas. No hallas nada en este espacio que no te sepa impersonal, sin embargo te sostiene el recuerdo fugaz de cuando hace un tiempo te reíste de cara en aquel rincón y no había nadie, o bailabas sin testigos, por hacerte feliz no más. Que difícil dar nuevamente con uno, cuando antes todo era mitad y mitad. Es volver a entrar en confianza con nuestra unidad esencial.
El espacio despojado ahora te invade, te suplica que lo habites, lo actualices, y querés. Querés porque nadie va a querer por vos. Querés porque es enteramente tuyo.
Y amanece. 

martes, 20 de octubre de 2015

Pre-nostalgia

Tengo una concepción nostálgica hacia lo desconocido. Me pregunto, por qué y de qué memoria se alimenta esto.
Cómo puedo añorar la mano que jamás me tendiste, el beso que no me robaste, las calles que nunca caminamos.
Las horas, tanto cómo si alguna vez hubieses ocupado alguna con tu presencia.
Paso tiempo rememorando un pasado inexistente, un ayer qué no se sitúa en ningún calendario, y sin embargo, repercute en el hoy aunque no tenga calibradas tus caricias en mi pelo, ni el tono de tu hablar en susurros.
Como si me hubieran mutilado parte de una historia jamás contada, como si me hubieran arrebatado las hojas del libro que nunca se escribió.
Tengo un otoño desparramado por frágiles suposiciones, un otoño sin raíces. Algo como la absurda melancolía de un nene rememorando la vejez. 
Pero siento sobre todo el sinsabor de andar padeciendo, como un loco, el dolor aquel que nunca punzó.