jueves, 26 de marzo de 2015

Humanidad

Esa lágrima que desprendes ahora, viajando está por tu mejilla, pero nació de la sal de mi par de espejos. Y ahí estaba condensada, esperando el anuncio de tu rebalsada tristeza.
Recorre tu rostro, humedeciendo a su paso las células que te definen organizadas causalmente, conforme a lo que hay en ellas de vidas pasadas; de años, siglos, genealogías, de luchas, búsquedas, uniones, gestaciones y partidas.
Desde siempre somos una gigante unidad. Uno y afuera lo otro (el mundo).
La lágrima llega al suelo, a regar esta tierra sedienta de apagar tanto infierno que engendramos, por la suma de plurales voluntades reunidas, se intoxica la savia que ramifica almas florecidas, y no queda más remedio que arrancarnos.
Más no quiero que este llanto sepa a culpa, si ayuda a drenar pureza hasta lo hondo. Hasta el centro donde se alimenta la esencia del conjunto deseo. Para sanar la herida múltiple, germinación sucesiva.
Derrama cuanto puedas, para dar impulso a este ciclo. Deja estigma que testifique tu arraigo a la vida, por lo que en ella hay de nosotros, quienes nada valemos si vos faltás.
Humanidad, tanta es la crueldad que te despoja, que siempre tanta es la gloria con la que te vestís, por contrapartida.